sábado, 31 de enero de 2009

¿Y qué me queréis decir?

¿Y qué me queréis decir?

Primero fueron aquellos antropófagos de Cortázar que iban a lo suyo pero sabían que estaba ahí y no dejaban de vigilarme.
Luego las ocho de la mañana y un sábado que podía haber sido martes o un barril de vinagre.
¿Qué me queréis decir?

Ochenta y ocho euros era demasiado por dos cafés, incluso en una terraza, incluso en la playa. El desprecio de los camareros también era demasiado y, a fin de cuentas, todo era demasaido.
¿Se puede saber qué me queréis decir?

Porque no era más que una caricia, no es necesario mencionarlo, y me muerdo las uñas con la dedicación suficiente como para que los arañazos resultasen tan incongruentes como este dolor en la boca del estómago.
Supongamos que esa parte la entendí. Así y todo, ¿qué me queréis decir?

En el espejo había una línea roja que se movió con mi nariz cuando me giré para buscar la seguridad pulida de dos azulejos gemelos.
Infames, terribles, ¿qué me queréis decir?

No cambio, no aprendo; muerdo, pincho y giro.
Okay.
Muerdo, pincho y giro.
¿Se puede saber qué me queréis decir?
¿Que muerdo, pincho y giro?
¿Es eso lo que me queréis decir?

Ahora escribo que deseo ser un árbol para seguir aquí cuando todos os hayáis ido y luego espero que Dios mismo lo sancione y pronuncie su "así sea".
¿No está claro que no sé qué me queréis decir?

1 comentario:

Una pizca de sol dijo...

Te quiero decir que fa mi sol y que la la la, que a menudo es bemol pero siempre re mayor. Te digo casi poco porque apenas nos conocemos que do sol la y así hasta el final, en coda o arpegiando, con pizzicato y sin prisa... con esa media sonrisa que asoma entre esa media barba que asoma de vez en cuando por esta casa y media.

... estamos, digo, a mitad de la cuesta... pásate por mi "Corazón Vinagre".

Besos,
Barb